PABLO NERUDA – LOS ENEMIGOS

PABLO NERUDA
CANTO GENERAL

V. La arena traicionada
LOS ENEMIGOS

Leído por Luigi Maria Corsanico

Pinturas y murales de
David Alfaro Siqueiros (1896-1974)

Ludwig van Beethoven
Sinfonia n. 7 in La maggiore op. 92
II movimento, Allegretto
Berliner Philharmoniker, Herbert von Karajan

Canto general es el décimo poemario de Pablo Neruda, publicado por primera vez en México, en los Talleres Gráficos de la Nación, en 1950, y que empezó a componer en 1938. Con pocas semanas de diferencia, se imprimió y circuló en Chile una versión clandestina, con pie de imprenta ficticio (Imprenta Juárez, Reforma 75, Ciudad de México), a cargo de Américo Zorrilla y del ilustrador José Venturelli. La edición original que salió en México incluyó ilustraciones de los muralistas mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
Neruda explicó en sus memorias que consideraba Canto general como su libro más importante. Lo concibió como un «proyecto poético monumental» que aborda la historia de Latinoamérica siguiendo los antiguos cantos épicos. Consta de quince secciones, 231 poemas y más de quince mil versos.

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Ellos aquí trajeron los fusiles repletos
de pólvora, ellos mandaron el acerbo
exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.
Entonces, en el sitio
donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.
Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.
Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.
Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.
Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.
Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.
No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.
No los quiero de embajadores,
tampoco en su casa tranquilos,
los quiero ver aquí juzgados
en esta plaza, en este sitio.
Quiero castigo.

Julio Cortázar – El futuro

Julio Cortázar
El futuro

de “Salvo el crepúsculo”,
Buenos Aires, Ed. Alfaguara, 1984
Leído por Luigi Maria Corsanico

Django Reinhardt & Stephane Grappelli
Nuages

Capucine,Café de la paix/1952
Foto de Georges Dambier

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Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.

Pablo Neruda – El viento en la isla

Pablo Neruda – El viento en la isla
Los Versos del Capitán
El Amor
Leído por Luigi Maria Corsanico

“Los versos del capitán” fue publicado por primera vez de manera anónima en Italia en 1952, siendo impreso por su amigo Paolo Ricci, Nápoles, Imprenta “L’Arte Tipográfica”. Apareció por primera vez bajo la autoría de Neruda en Chile en 1963, con una nota explicativa de su autor de por qué decidió quitarle el anonimato, con firma en Isla Negra en noviembre de ese año .

Heitor Villa-Lobos Etude No.1 Ming Huang, guitarra

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El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.
Escucha cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.

Marcello Comitini – La música

Marcello Comitini
La música
©3 de agosto de 2020

Leído por Luigi Maria Corsanico

Andrea Falconieri (1586-1656)
La suave melodia y su corrente
Ensemble La Musa Armonica

Gustav Klimt
Die Musik, 1895
Neue Pinakothek – Monaco de Baviera

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La música fluye clara
de la piedra sagrada del ser
baja, se alza con susurros y escalofríos
a lo largo de las caderas opresivas de la memoria.
Desvela
sin pasar por los ojos
la exacta geografía de las palabras
las libera en la escucha
las hace pura esencia
las inyecta en el azul, vena por vena.
Como éter profundo
se extiende por todo el cuerpo
lo disuelve en márgenes fugaces
entre el tiempo y la eternidad.
Ofrece como regalo a la mente
las turbaciones del alma,
los colores que fluyen
entre oscuridad y recaídas
de una canción repetida con la boca cerrada.
Desvela
donde se acumulan
las sombras de la mortalidad
como el viento hace sin
que la carne se pudra
entre los dedos del tiempo.

Vaga por el espacio
se rasga por llamadas no humanas
de miedos y pesadillas
se reforma en luminosa esencia.
Se hace leve
como una nube en el aire.
Se desvanece.

Vuelve para iluminarnos, ella consoladora.
Ella, pensativo encanto.

©Marcello Comitini

Cesare Pavese – Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Cesare Pavese
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Antología póstuma (1951)


Voz y piano : Luigi Maria Corsanico
(Sweet Revenge, Ryuichi Sakamoto)

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Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra hueca,
un grito ahogado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
hacia el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
asomarse un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Nos hundiremos en el remolino, mudos.

Federico García Lorca – Verlaine / Tres retratos con sombra

Federico García Lorca
Canciones (1921-1925)
Tres retratos con sombra
I. Verlaine

Leído por Luigi Maria Corsanico

Claude Debussy
Petite pièce pour clarinette et piano (1910)
Sergio Del Mastro, clarinet
Riccardo Caramella, piano

Retrato de Verlaine por Gustave Courbet

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La canción,
que nunca diré,
se ha dormido en mis labios.
La canción,
que nunca diré.

Sobre las madreselvas
había una luciérnaga,
y la luna picaba
con un rayo en el agua.

Entonces yo soñé,
la canción,
que nunca diré.

Canción llena de labios
y de cauces lejanos.

Canción llena de horas
perdidas en la sombra.

Canción de estrella viva
sobre un perpetuo día.

FEDERICO GARCÍA LORCA – ES VERDAD

FEDERICO GARCÍA LORCA – ES VERDAD
CANCIONES ANDALUZAS

(Canciones 1921-1924)

Leído por Luigi Maria Corsanico

Juan Antonio Vargas y Guzmán
Sonata VIII para Guitarra
Obra extraída del álbum: Tente en el Ayre, Música Barroca de la Nueva España.
Interpretan: La Fontegara.

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¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

MARCELLO COMITINI – FEROCIDAD

MARCELLO COMITINI – FEROCIDAD ©2020

Leído por Luigi Maria Corsanico

Oblivion, Astor Piazzolla
Stjepan Hauser / “I Solisti di Zagreb”

Imágenes:
Leonora Carrington
Max Ernst y Leonora

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Ferocidad ©2020

Tu aliento en mi boca
es una burbuja perfumada
que me atrapa la lengua,
intoxica el paladar,
baja por la garganta y
llena mis pulmones de vida.
Tus labios en mis labios
dejan fluir el jugo
de duraznos maduros. La muerdo
como muerde el hambriento
largos momentos de felicidad.
Eras ambigua Leonora
bruja niña
y mis manos del viejo Ernst
pintaron tu cuerpo
con largas y lentas
pinceladas de sentimiento.
¿Podrán mis manos olvidar tus senos?
Buscaron el calor de las estrellas
las puntas afiladas de tus pezones.
Tus manos acariciaron mis caderas
como si la distancia
pudiese robarlas de tus dedos.
Eran gestos que amamos porque
nos amábamos.
Cerré los ojos, busqué ese calor
para encontrar el recuerdo de tu cuerpo.
Respondió la noche
con su lluvia de oscuridad.
Ahora, pido tu silencio
para retener en mis heridas
el bálsamo de tus besos.
Impulsado por tus palabras
han caído en el aire
como semillas maduras.
Mis manos las recogieron
bajo montones de escombros.
Han excavado hasta develar
la dulce sonrisa de tu boca
y ferocidad
de la cual no puedo defenderme.