FERNANDO PESSOA – La tragedia principal de mi vida…

Fernando Pessoa
Libro del desasosiego

Edición de Richard Zenith
Traducción de Perfecto E. Cuadrado
Acantilado, colección Acantilado Bolsillo. Barcelona 1998
Fragmento 96
A tragédia principal da minha vida…
Livro do Desassossego por Bernardo Soares.Vol.I. Fernando Pessoa.
(Recolha e transcrição dos textos de Maria Aliete Galhoz e Teresa Sobral Cunha. Prefácio e Organização de Jacinto do Prado Coelho.) Lisboa: Ática, 1982. – 96.

Leído por Luigi Maria Corsanico

Dmitri Shostakovich
Quartet No. 8 in C minor, Op. 110- Largo
Emerson String Quartet

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La tragedia principal de mi vida es, como todas las tragedias, una ironía del Destino. Me repugna la vida real como una condena; me repugna el sueño como una liberación innoble. Pero vivo lo más sórdido y lo más cotidiano de la vida real; y vivo lo más intenso y lo más constante del sueño. Soy como un esclavo que se emborracha a la hora de la siesta —dos miserias en un solo cuerpo.
Sí, veo nítidamente, con la claridad con [que] los relámpagos de la razón hacen destacar de la negrura de la vida los objetos próximos que nos la configuran, lo que hay de vil, de débil, de descuidado y de facticio en esta Rúa dos Douradores que es mi vida entera —esta oficina sórdida hasta su médula de persona, este cuarto alquilado por meses donde no pasa nada salvo que vive en él un muerto, esta mercería de la esquina a cuyo dueño conozco como cualquier persona conoce a otra, estos mozos de la puerta de la vieja taberna, esta trabajosa inutilidad de todos los días iguales los unos a los otros, esta continua repetición de los mismos personajes, como un drama que consistiera apenas en el escenario y ese escenario estuviera del revés…
Pero veo también que huir de todo esto equivaldría a dominarlo o a repudiarlo, y yo ni lo domino, porque no lo excedo dentro de lo real, ni lo repudio, porque, sueñe lo que sueñe, me quedo siempre donde estoy.
¡Y el sueño, la vergüenza de huir hacia mí mismo, la cobardía de tener como vida esa basura del alma que los demás tienen sólo en sueños, en la figura de la muerte con que roncan, en la calma con que parecen vegetales aventajados!
¡No poder tener un gesto noble que no sea de puertas adentro, ni un deseo inútil que no sea verdaderamente inútil!
César definió bien la figura de la ambición cuando dijo aquello de: «¡Antes el primero en la aldea que el último en Roma!» Yo no soy nada ni en la aldea ni en Roma ninguna. El mercero de la esquina es por lo menos respetado desde la Rúa da Assunção hasta la Rúa da Vitoria; es el César de toda una manzana de casas.
¿Yo superior a él? ¿En qué, si la nada no comporta superioridad, ni inferioridad, ni comparación?
Es el César de toda una manzana y a las mujeres les gusta condignamente.
Y así voy arrastrándome haciendo lo que no quiero, y soñando lo que no puedo poseer, mi vida □, absurda como un reloj público parado.
Aquella sensibilidad tenue, pero firme, el sueño largo más consciente □ que en su conjunto forman mi privilegio de penumbra.

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